Archivo de la etiqueta: madrugar en el retiro

Madrugar en El Retiro (XII): Futuros atletas

1 respuesta 21-08-2013, Pablo Arqued

Verano. Adelanto a un grupo de tres niños de correr estiloso y fácil, precedidos a una distancia vigilante por dos corredores, uno con rasgos andinos y una corpulencia destacable y otro muy delgado y alto, ambos rondando los cuarenta, padres, creo, de los pequeños. Intrigado por la escena, bajo el ritmo y me pongo a hablar con los chavales. En realidad les entrevisto, pero ni ellos, ni sus padres, que están lo suficientemente cerca para observar mis gestos amistosos aunque lejos para escuchar la conversación, lo saben. Tienen 9, 10 y 11 años. “Nosotros somos hermanos”, me cuentan los dos mayores, “y él vive con nosotros porque sus padres trabajan en nuestra casa”. “¿Y qué hacéis corriendo, tan pronto, en El Retiro?”, pregunto sorprendido, olvidándome de que esa misma pregunta me la hacen una y mil veces, amigos, conocidos o compañeros de trabajo, exasperándome en grado sumo. “Queremos ser atletas”, responde el mayor, con una seguridad absoluta. Alucino. Una respuesta así no la había vuelto a escuchar desde los ochenta.

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Madrugar en El Retiro (XI): Trabajadores

Deja una respuesta 20-08-2013, Pablo Arqued

Los guardas abren el parque a las seis en punto los tres cientos sesenta y cinco días del año. Si bien sólo les he visto hacerlo una vez, pues mi horario de llegada está entre las seis y media y siete, en invierno me han invitado a abandonar el mismo por la noche, a las veintidós, unas cuantas veces en fin de semana. En verano no cierran hasta las doce de la noche. Pero volvamos a la mañana. Con el despertar de El Retiro al abrir sus puertas, gracias a esos primeros trabajadores, otros se van sumando para desperezar a ese gran terreno en el centro de Madrid. Son los jardineros los más numerosos, emplazados en dos recintos, uno al lado de La Casa de Fieras, antiguo zoo, y otro hacia la zona que está enfrente del Casón del Buen Retiro, al oeste. Se preparan para salir a adecentar y cuidar jardines, todos juntos, con un buen desayuno de compañeros. Al que otro día de frío seco madrileño he tenido la tentación de pedirles una tacita de café, ese olor que se mezcla con el de los árboles.

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Madrugar en El Retiro (X): VIP(R)

Deja una respuesta 24-07-2013, Pablo Arqued

Fauna conocida, más o menos importante, de muy distintos ámbitos, también aparece en el parque con más o menos frecuencia. VIPR: Very Important People del Retiro. A ver. Una madurita con gafas de sol. Pelo rubido recogido en una gorra cabezona, que responde al nombre de “¡Madonna!” con un movimiento manual a lo reina de Inglaterra. Y sus acompañantes, dos armarios roperos con patas, te señalan con sus extremidades de bestia mitológica, gesto que debe ser traducido con un “ni te acerques”. Otro. Primero ves que vienen hacia ti muchos tatuajes, y después, que van acompañando a Josef Ajram, al cual se le ve disfrutar corriendo a un ritmo medio. Tan feliz y tan bien puesto se le ve que da la sensación de que se va a sacar un libro de la manga y te lo va a ofrecer. La imaginación, a veces, sí que no tiene límites cuando ha sido convenientemente impactada por la publicidad y los medios.

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Madrugar en El Retiro (IX): El día en el que el ‘Butano’ me ‘entrevistó’

Deja una respuesta 13-07-2013, Pablo Arqued

Lo que es madrugar, lo hago en mi casa, a 1,3 km de la puerta de entrada del principio de la calle Alcalde Sainz de Baranda, a 1,25 km si no cuento los tramos de escalera que tengo que bajar hasta la calle. Voy y vuelvo. Porque sólo algunos indigentes o borrachos, que se escapan a la última batida nocturna de los guardias de seguridad de El Retiro, madrugan literalmente allí. Pues bien, fue una mañana de sábado, en la que para volver a mi casa di un rodeo, Principe de Vergara-Diego de León-Francisco Silvela, con el objetivo de pisar más asfalto de lo habitual . A las 8 pocas personas están despiertas. Una de ellas, ese día, era el conductor de un flamante Mercedes, algo antiguo, que me seguía por el carril bus después de que le hubiera adelantado hacía unos minutos, cuando estaba en doble fila.

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Madrugar en El Retiro (VIII): La vez en la que Gonzalo ‘el afilado’ se riló

Deja una respuesta 07-07-2013, Pablo Arqued

Sacar de punto a Gonzalo ‘El afilado’, un ‘patapelada’ de dos treinta en maratón, no es cualquier cosa, os lo aseguro.  O sí…Veréis. Al tipo, amable y de gran nobleza, le conocí  durante mis días de trabajo en El Campo de las Naciones, cuando aprovechaba el estúpido parón de dos horas en mitad de la jornada para correr por el Juan Carlos I. “¿Vais a quedar a comer, con dos platos, pan y postre?”, quizás sea la frase que mejor le describe, un auténtico asceta perfeccionista del correr con el que alucinábamos en el grupo Jorge, Javi, Gabi y yo. Delgado como un keniata, lo cual hacía que sus trajes (y mallas) se convirtieran en amplios sacos, corría dos veces al día (‘doblar’ en el argot de corredor), hacía gimnasio y no se olvidaba de la técnica de carrera. Como un fantasma, reapareció aquella mañana de niebla en El Retiro para, sin él saberlo, enfrentarse a uno de mis ‘de menos a más’ suicidas. Me lo pidió el cuerpo en cuanto le vi. Me sentía muy bien. No dejaba de ser un gran reto, que dicho sea de paso, nunca volví a lograr. Aunque ya os adelanto que mi victoria fue con deshonor.

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Madrugar en El Retiro (VII): En ocasiones veo luces rojas

Deja una respuesta 03-07-2013, Pablo Arqued

Ni esto es ‘Encuentros en la tercera fase’ ni ninguna otra de Spielberg de ciencia ficción. ¡Que sólo es un parque madrileño! Entonces ¿Por qué veo aparecer y desaparecer, a lo lejos, luces rojas? Creo que el oxígeno me llega perfectamente al cerebro, pues ni voy a un ritmo alto, ni estoy haciendo ritmos. Esto fue lo que pensé aquella mañana antes de pasar a observar que esas dos luces rojas, antes nerviosas e intermitentes, se habían estabilizado, al fondo de lo más oscuro del camino de tierra, manteniendo la distancia entre ellas. Si bien bajé un momento el ritmo de forma defensiva para estar al acecho, volví a subirlo con decisión y temeridad para a acercarme, cada vez más, a esas dos luces, que no  podían ser ojos ni por la distancia que las separaban, ni por su fluorescente luminosidad.

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Madrugar en El Retiro (VI): Aquella lectora

Deja una respuesta 02-07-2013, Pablo Arqued

Elegante y bien abrigada. Atractiva. No llegaba a los cincuenta. Sus manos, sin guantes, no hubieran podido sujetar el eBook con el que leía, teniendo en cuenta los menos dos grados que muchas madrugadas rondaron el pasado enero allí. Estoy seguro de que ese día también los hacía, si no menos. También me resultó atrevida, pues estaba sentada en un banco al pie de una farola en una zona lo suficientemente alejada de cualquier acera que rodea el parque como para definirla como segura. La primera impresión fue pensar que quizás compartiera excentricidades con aquel viejo que insultaba a la Fuente del Ángel Caído.

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Madrugar en El Retiro (V): Chaperos en La Chopera

Deja una respuesta 28-06-2013, Pablo Arqued

Con las mismas letras pero con diferente orden se pueden formar palabras de muy diferente significado. Es lo que tiene el lenguaje. Chopera. Chapero. Qué cosas. Ya es casualidad que El Retiro las contenga físicamente en la arboleda y paseos aledaños a su zona deportiva. Porque en la zona este de La Chopera, con ropa de marca algo hortera y vieja, y repeinados a la vez que desaseados, esperan esos chavales jóvenes, desde primera hora a partir de mayo, a que algún cliente, la mayoría pasando los sesenta, les pida precio.

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Madrugar en El Retiro (IV): A oscuras

Deja una respuesta 26-06-2013, Pablo Arqued

A esas horas, entre diciembre y febrero, soy prácticamente el único corredor que, en ocasiones, hace el recorrido de 5.000 metros entero. Lo normal, cabal y lógico, lo reconozco, es rodar por el de 3.000, que comparte con el otro unos 2.500 metros. Y es que está más o menos iluminado. Pero esa sensación de adentrarse en los caminos que están entre la zona deportiva de La Chopera y el Paseo de la República de Cuba, a ciegas y solo, tiene algo especial. Porque durante unos 30 segundos, en el túnel formado por la espesa vegetación, no se ve más allá de 5 metros. A veces pruebo a abrir y cerrar los ojos y no noto diferencia. No hay luces eléctricas. No hay luna. Es en ese momento cuando me gusta acelerar, ir fuerte, lo cual te permite superar los pequeños desniveles de la tierra (de enero a abril siempre barro) sin caer y tener una extraña sensación onírica.

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Madrugar en El Retiro (III): Tobi es diferente a los perros de Pavlov

Deja una respuesta 24-06-2013, Pablo Arqued

El corazón se me sale por la boca. Bajo el ritmo al pisar el asfalto de la calle Doce de Octubre. Me paro. Me miro la pierna derecha y veo que tengo varias heridas por encima del tobillo que todavía no me duelen, y que la tela delantera de la zapatilla está rota. Los insultos de la paquidérmica señora, a todas luces nefasta dueña,  resuenan en mi cabeza. “Hijoputaaaaaa, vuelve aquí si tienes huevos”. También ese sonido seco que hacen los pufs al ser golpeados. O los sacos de boxeo al ser atacados. Lo que debía de haber sido una mañana más de carrera relajante se convirtió en un episodio desagradable que me dejó mal cuerpo durante muchos días.

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