Prado o cómo cambiar y mejorar la forma de pisar entre maratón y maratón

3 respuestas 16-12-2013, Pablo Arqued

Empecé a entrenar a Prado en septiembre de 2012. Quería “mejorar en diez mil” y llegar a “correr un maratón”. Me pidió ayuda. Rápidamente le expliqué que con entrenamiento, cualquiera puede terminar un maratón, desde un joven a un anciano. Cualquiera que esté dispuesto a entrenar, obviamente. Y Prado lo estaba. Se esforzó lo que pudo en las series que diseñé para ella y en las que la acompañé, y así  fue alcanzando sus metas. Un diez mil en menos de 50 minutos y una media maratón alrededor de 1hora 50 minutos. Llegó al Maratón de Madrid, antes llamado simplemente MAPOMA y ahora Rock’n’Roll Maratón Madrid, e hizo 4 horas 15’. Sin despeinarse. Su intención era simplemente terminarlo. A ella le valió, a pesar de que al día siguiente podía correr sin problemas. Todo el mundo la alabó. Lógico. Desconocían su potencial.

prado

Después llegó al Maratón de Valencia 2013 y lo volvió a terminar, esta vez en 4 horas. En los meses anteriores había mejorado su tiempo en diez mil hasta los 47’ y en media rozó la hora y 47 minutos. Ojo, que en esa media estaba para hacer mejor marca, pero una indisposición voluntaria, esto es una reunión con unas amigas, se lo puso imposible. En maratón no hay sorpresas.

La cosa es que la gente de su entorno volvió a aplaudir la hazaña maratoniana de Prado. Normal. Había mejorado en 15 minutos su marca de Madrid. Y ¡Qué carajo! Había vuelto a terminar un maratón, dijeron. Porque a día de hoy siguen sin conocer su potencial. Y desconocen también que hubiera logrado mejor marca de no haber corrido con el peso que supone llevar un iPhone a cuestas durante 42 km y pico. O si hubiera hecho las series que le tocaban hacer sin mi compañía y que se saltó en un porcentaje superior al que hubiera deseado durante el plan. O si hubiera hecho menos kilómetros de rodaje de los que hizo, principal problema de muchos corredores. O si… hubiera seguido otros muchos consejos que obvió de su entrenador, quizás, inconscientemente, para no poder darlo todo, puede que en un ejemplo de miedo al éxito, y así tener la excusa perfecta al no lograrlo. No se me ocurre otra explicación. Puede que esté equivocado, por supuesto.

La cosa es que a ella, en esta segunda ocasión, aunque diga lo contrario, no le valió con sólo terminarlo, algo que le sucede a la mayoría de los corredores.

Dejar de entrar de talón para correr “como una gacela”

Pero no es por sus maratones por lo que alabo a Prado, que también. Lo mejor, en mi opinión, es que entre maratón y maratón logró, logramos, cambiar su forma de pisar. Ya no talona, y sin talonar corrió en Valencia. Se frena menos en cada zancada, tiene menos rozamiento con el piso, salta más, tiene una ergonomía de carrera más dinámica. Y lo hizo siguiendo, sí en este caso, todas mis indicaciones. Alternó sus Asics drag queen con unas Skechers Go Run. Se concentró en entrar de metatarsos o plano, hicimos muchos ejercicios de técnica de carrera y también hicimos unos cuantos cientos de metros, poco a poco, descalzos.

Será, con toda seguridad, una corredora longeva. “Una gacela”, como la definió de forma acertada un colega periodista hace poco, en ese arte que tenemos en el gremio de ir ‘titulando’ en la primera cita. Y cuando quiera, Prado hará una súper marca. Ya sea en diez mil, media, maratón o incluso en una distancia superior. Y el orgullo que siento por tener la suerte de entrenar a Prado no va de marcas. Y en realidad tampoco de forma de pisar. Va de actitud y de generosidad. Un placer.