Martín Fiz y mi primo fueron los culpables de que empezara a correr

1 respuesta 18-12-2012, Pablo Arqued

Su última hazaña, hacer la mejor marca mundial del año de veteranos en 42, 195 km, en los de Castellón: 2h 29′ 57″ a sus 49 añitos. La penúltima, haber abandonado la candidatura que compartía con su amigo Fermín Cacho de cara a las elecciones de la Real Federación Española de Atletismo, por “motivos profesionales”, según dijo. Pero ni lo uno ni lo otro es lo que le hace ser protagonista aquí, y sí sus hazañas en la élite del maratón, las que  le convierten, a mi juicio (bastante argumentado), en el mejor maratoniano español de todos los tiempos, con el permiso de Antón y Roncero. También porque me convirtió en corredor sin él saberlo. El mérito, ojo, no fue solo de Fiz: también tuvo culpa mi primo.

Habiéndose codeado con los mejores africanos de finales de los ochenta y principios de los noventa en el cross, nunca logró Martín Fiz transferir sus éxitos a la pista, ni en 3.000 obstáculos, ni en 5.000, por lo menos en el ámbito internacional. Y fue su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona, insuficiente alcanzar las semifinales del 5.000 para él mismo, lo que le llevó a replantearse su futuro deportivo. Sabía que era capaz de sacrificarse para ser el mejor del mundo, pero tenía que encontrar su lugar. Y con la ayuda del prestigioso Gregorio Rojo y del médico Sabino Padilla, tomó la decisión científica de pasarse al maratón. Sus características físicas así lo indicaron. Había nacido maratoniano. Las mentales demostraron, unos cuantos asaltos a la gran distancia después, que había hecho lo correcto.

Campeón de Europa y Campeón del Mundo

Empezó a traducir sus participaciones en victorias, convirtiéndose en el primer español en bajar de las 2h 09. Fue el que enseñó el camino de la cima mundial del maratón a otros españoles, con entrenamientos salvajes y concentraciones espartanas, bien en altura, bien en zonas calurosas con mucha humedad para adaptarse al verano. En el del 94, en Helsinki, se proclamó campeón de Europa, seguido del malogrado Diego García y de su íntimo amigo Alberto Juzdado, en aquel triplete histórico, que para Fiz siempre ha sido lo más grande de su carrera deportiva. En el del 95, en Goteborg, fue campeón del mundo (ver vídeo más abajo) en un calculado y durísimo duelo final con el mexicano Dionisio Cerón. Y con un 2h 8′ 05″ en el Lago Biwa japonés en su haber, llegó a los JJOO de Atlanta, para terminar en cuarta posición, sin haberse podido vaciar debido a una mala táctica.

Aquello le marcó, aunque no tanto como la muerte de Diego García. Tardó una temporada en reponerse de la pérdida de su ‘hermano’ y volver a ganar un maratón tras varios intentos fallidos. No fue un fallo su plata en el Campeonato del Mundo de Atenas, en el 97, donde fue una liebre de lujo, a punto de abrir hueco un par de veces, para su enemigo íntimo Antón hasta los últimos 300 metros. La plata le supo a poco. Con el tiempo entendió que, simplemente, perdió aquella batalla. Conviene recordar, no obstante, que Antón nunca más volvió a tener esa táctica tras las críticas recibidas. Ya en el 99, a Sevilla, no llegó excesivamente bien. A Sydney, tampoco, lo cual significó un sexto puesto frente al treintaitantos de Antón. A sus seguidores el dato no nos pasó innadvertido. Hacía tiempo que en su cabeza rondaba la retirada del profesionalismo. Ahora sigue corriendo, crosses, trails, maratones por el desierto y por asfalto. Es corredor…

De los maratonianos españoles es el que más maratones ha ganado y el que más tiempo estuvo en la élite. Corría de forma valiente y a la vez inteligente, no se escondía. Por eso, en mi opinión, es el mejor de todos los españoles. También porque fue el que logró que me hiciera corredor de fondo en aquella tarde de agosto, cuando corrió y venció en Goteborg: campeón del mundo. Lo que vi por televisión me transformó en corredor. Aunque no sería hasta un año después, en agosto del 96, cuando comenzaría a correr. Aquí la culpa la tuvo mi primo, recien entrado a trabajar en Adidas, quién me regaló unas zapatillas. Eran un número más grande del que necesitaba, pero que no me impidieron debutar  como atleta popular. Además, cuando jugaba al fútbol con ellas me dolían los pies. Sólo servían para correr, así que correría…

Aquí os dejo un resumen largo suyo. De Fiz, digo. De aquella carrera de Goteborg. Es espectacular, os lo recomiendo. Una buena grabación y unas tomas en las que se aprecia la alta velocidad de los grandes maratonianos, superhéroes…

Para mí, el maratón esto: