Maratón de Burgos: La extraordinaria experiencia de llevar el globo de las 3h 30′

Deja una respuesta 16-10-2016, Pablo Arqued
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Fue en marzo de este mismo año cuando conocí a Miguel Santamarina y Samuel Casado en Burgos a través de amigos en común. Había acudido al congreso iRedes para guiar una charla del súper popular, extrovertido y mediático atleta Chema Martínez sobre running y redes sociales, cuando me anunciaron que ya tenían planificada la organización del primer Maratón de Burgos, en que habían comenzado a trabajar casi un año antes. Me invitaron a participar en él, algo que yo acepté, aunque proponiéndoles, a cambio, llevar el globo de las 3 horas 30 minutos, un tiempo que no me exigía exprimirme en el entrenamiento estival. Pues bien, Nunca me hubiera imaginado que la experiencia terminaría siendo tan enriquecedora.

De izquierda a derecha, Samuel Casado, Pablo Arqued y Miguel Santamarina.

De izquierda a derecha, Samuel Casado, Pablo Arqued (yo mismo) y Miguel Santamarina, el día antes.

Es grato saber que los corredores siguen agradeciendo la labor de las liebres en las carreras. Y es que, si bien uno se lo hubiera podido imaginar, descubrí en vivo y en directo que es una cuestión de confianza, de empatía. Porque a pesar de que casi todos los corredores corren con sus relojes con gps, al final agradecen ir acompañados de un corredor de carne y hueso que les vaya animando, dando apoyo, o incluso ampollitas de suero fisiológico (sodio), como fue mi caso. El ser humano, de momento, es más humano que cualquier ‘Hal’ de muñeca.

El otro gran aprendizaje que me llevé forma empírica fue que correr un maratón por debajo de las posibilidades físicas de uno está muy alejado del sufrimiento instalado en la imaginería asociada a esta distancia. No hubo ni muro, ni calambres, ni sufrimiento, ni aburriemiento, esto último debido sin duda a la responsabilidad que supone llevar a un grupo de corredores a buen puerto, esto es, el pabellón multiusos burgalés después de dos vueltas a un llanísimo, y por tanto, rápido circuito. Sí hubo cansancio posterior. Al fin y al cabo 42 kilómetros y pico es una distancia considerable cuando tienes que tirar de un gran globo durante un vuelta en un día algo ventoso, bastante fresco pero soleado. Lo solté en el primer paso por meta, entregándoselo a un niño. Lo agradeció él, mi cabeza y la de los corredores que iban conmigo de cara a los segundos 21 km y pico. En algún momento de los primeros, la estampa pareció más un combate de boxeo en la que el enemigo era una gran bola de helio con vida propia que amenazaba con noquearnos a todos.

La cosa es que todo el mundo del grupo de las 3 horas 30 minutos nos tenía localizados a las dos liebres: Fernando, experto ultramaratoniano que ese día iba a “entrenar un poco” a provechando el evento para coger la forma tras una lesión (vamos, un ‘máquina’ de manual), y a mí, un tipo con sandalias huaraches y camiseta ‘Pies negros’. No había pérdida.

Huaraches con chip. Olvidé la goma que me suelo poner alrededor del tobillo...

Huaraches con chip. Olvidé la goma que me suelo poner alrededor del tobillo…

Creo que mis ánimos y consejos fueron de los buenos, o por lo menos así me lo agradecieron durante y después del maratón tanto los debutantes en la prueba como los expertos a los que acompañé. Ni una sola frase motivacional barata, de esas que suelta algún gurú ‘trader’ neoliberalista  o despliegan esos coaches motivacionaes de manuales de autoayuda pseudocientíficos. Expliqué algunos juegos mentales para1 subdividir la distancia en partes y divulgué advertencias a la hora de pasar baches y tirar rectas y curvas por las partes más cortas. O aquello de mantener la calma al perder algo de ritmo en algún giro de 90 grados.

Animar a jugársela en el km 36

Lo mejor que hice, sinceramente, fue explicar a los que estaban todavía conmigo en el km 36 que era el momento de analizar cómo iban, y que en caso de que sintiesen que estaban bien, que se animasen a subir el ritmo hacia la meta. Les expliqué que aunque fuese su primer maratón o a pesar de que manteniendo el ritmo ya fueran capaces de hacer su mejor marca, les merecía la pena jugársela un poco a 6 km de meta. Les recordé, primero, que lo que les quedaba era llano y que una pájara sólo les obligaría a penar unos pocos kilómetros. Y segundo, que nunca se sabe cuándo se va a volver a estar en una gran forma para correr un maratón (familia, trabajo, lesiones…). Muchos me hicieron caso y entraron por delante de mi globo, y sólo a un par les ‘recogí’ a falta de 2 km, a los cuales no me cansé de animar para que entrasen conmigo.

¿Y cómo y cuanto entrené para tener la seguridad de hacer 3 horas 30 minutos? Muy fácil, un 97% de mis rodajes los hice más rápido que 5’/km, que es el ritmo necesario para hacer esa marca. Series no hice muchas, aunque sí diezmiles a 4’05″/km en medio de los rodajes. En cuanto a rodajes largos, tres: dos de 1h45′ y uno de 1hora 55′. Y los tres a 4’30″/km.

Pero si hubo algo que me gustó fue hacerme a la idea en vivo y en directo durante unas horas del duro y gran trabajo de Samuel Casado y Miguel Santamarina que habían venido desarrollando desde hacía año y medio para organizar el I Maratón de Burgos: voluntarios, ambulancia, bolsas de los corredores (de maratón y media), policía, publicidad, medios de comunicación, carrera de niños, carrera de handbikes, carteles, vallas, cronometraje, jueces, hoteles, permisos, liebres… Ese fin de semana, en las noches entre el viernes y el sábado y el sábado y el domingo casi no durmieron.

Ellos, con visión autocrítica, dicen que van a hacer una lista para mejorar cosas para la siguiente edición. Pero os digo, desde la visión más objetiva que puedo, que esa lista será muy corta, y que pronto ‘su’ prueba burgalesa crecerá en fama. Desde aquí os doy las gracias, Miguel y Samuel, por haberme acogido, casi adoptado, ese día y medio que estuve en Burgos, donde no pude acudir con mi familia. Fue un auténtico placer. Por cierto, Miguel, otro día hablamos de tu primera novela, ‘Queremos que vuelvan’ (¡Os la recomiendo!)… o de tu segunda… Y también de correr.