Madrugar en El Retiro (VIII): La vez en la que Gonzalo ‘el afilado’ se riló

Deja una respuesta 07-07-2013, Pablo Arqued

Sacar de punto a Gonzalo ‘El afilado’, un ‘patapelada’ de dos treinta en maratón, no es cualquier cosa, os lo aseguro.  O sí…Veréis. Al tipo, amable y de gran nobleza, le conocí  durante mis días de trabajo en El Campo de las Naciones, cuando aprovechaba el estúpido parón de dos horas en mitad de la jornada para correr por el Juan Carlos I. “¿Vais a quedar a comer, con dos platos, pan y postre?”, quizás sea la frase que mejor le describe, un auténtico asceta perfeccionista del correr con el que alucinábamos en el grupo Jorge, Javi, Gabi y yo. Delgado como un keniata, lo cual hacía que sus trajes (y mallas) se convirtieran en amplios sacos, corría dos veces al día (‘doblar’ en el argot de corredor), hacía gimnasio y no se olvidaba de la técnica de carrera. Como un fantasma, reapareció aquella mañana de niebla en El Retiro para, sin él saberlo, enfrentarse a uno de mis ‘de menos a más’ suicidas. Me lo pidió el cuerpo en cuanto le vi. Me sentía muy bien. No dejaba de ser un gran reto, que dicho sea de paso, nunca volví a lograr. Aunque ya os adelanto que mi victoria fue con deshonor.

guepardo

 

Me puse a hablar con él de lo humano y lo divino, para disimular, mientras aumentaba el rimo. Tras los diez primeros minutos de rodaje ya íbamos por debajo de 4’ el kilómetro. A los 20’, la cosa iba por 3’40”. Y así, hasta el minuto 30, que fue cuando comprendí que me estaba vaciando. Pero cuando estaba a punto de rendirme, Gonzalo ‘el afilado’ empezó a torcer el gesto. ¡El guepardo flaqueaba! Y apunto estaba yo de cambiar a unos locos 3’20”/km cuando el tipo empezó a bajar el ritmo… para pararse en un arbusto concreto del parque. “Me estoy jiñando, y aquí siempre tengo guardada una bolsa con papel para casos extremos, como éste”, me gritó desde lejos. “Sigue, sigue, que te veo bastante bien”. Ahora me descojono. Pero aquel ‘bastante bien’, en el momento, me sentó como un gancho a la mandíbula. Porque yo lo entendí como una especie de ‘felicidades, chaval, has tenido suerte de que estuviera mal del estómago ’. Pero Gonzalo, buena persona donde los haya, ni quiso decir eso ni nunca me lo tuvo en cuenta. Las mil y una veces que he vuelto a correr con él, siempre se ha adaptado a mi ritmo. Y yo, en carreras, nunca me he acercado a sus marcas.