Madrugar en El Retiro (VII): En ocasiones veo luces rojas

Deja una respuesta 03-07-2013, Pablo Arqued

Ni esto es ‘Encuentros en la tercera fase’ ni ninguna otra de Spielberg de ciencia ficción. ¡Que sólo es un parque madrileño! Entonces ¿Por qué veo aparecer y desaparecer, a lo lejos, luces rojas? Creo que el oxígeno me llega perfectamente al cerebro, pues ni voy a un ritmo alto, ni estoy haciendo ritmos. Esto fue lo que pensé aquella mañana antes de pasar a observar que esas dos luces rojas, antes nerviosas e intermitentes, se habían estabilizado, al fondo de lo más oscuro del camino de tierra, manteniendo la distancia entre ellas. Si bien bajé un momento el ritmo de forma defensiva para estar al acecho, volví a subirlo con decisión y temeridad para a acercarme, cada vez más, a esas dos luces, que no  podían ser ojos ni por la distancia que las separaban, ni por su fluorescente luminosidad.

lucesrojas

 

Resultaron ser dos collares, con sendos perros que me miraron tranquilamente y se rieron de mí unos segundos, para después seguir ellos con sus juegos y carreras. Fue hace unos años. Ahora, las luces se han multiplicado para gloria de los inventores de esos collares, que no me queda demasiado claro para que sirven. Si en la oscuridad todos los gatos son pardos, en El Retiro, todos los perros son luces rojas, lo cual hace casi imposible distinguirlos de lejos. En fin. Uno de esos inventos de ciudad que nunca triunfarán en el campo.