Madrugar en El Retiro (VI): Aquella lectora

Deja una respuesta 02-07-2013, Pablo Arqued

Elegante y bien abrigada. Atractiva. No llegaba a los cincuenta. Sus manos, sin guantes, no hubieran podido sujetar el eBook con el que leía, teniendo en cuenta los menos dos grados que muchas madrugadas rondaron el pasado enero allí. Estoy seguro de que ese día también los hacía, si no menos. También me resultó atrevida, pues estaba sentada en un banco al pie de una farola en una zona lo suficientemente alejada de cualquier acera que rodea el parque como para definirla como segura. La primera impresión fue pensar que quizás compartiera excentricidades con aquel viejo que insultaba a la Fuente del Ángel Caído.

retirodenoche

Y la vi gracias a que me salí de los recorridos habituales, en busca de un cambio en la rutina que me diera la motivación necesaria para seguir corriendo aquel día, en el que estaba algo perezoso. Rápidamente entendí que las posibilidades eran muchas. Sería una mujer con insomnio, o madrugadora, o una trabajadora de alguna de las lujosas oficinas que albergan todos esos pisos de la zona de Alfonso XII, en otra época puestos por los ricos a sus queridas, que se carga de energía antes de comenzar sus gestiones para importar productos extranjeros. Me avergoncé por mis prejuicios, y de habérmela definido como mentalmente inestable. Al ser diferente, tuve ese primer pronto de catalogarla así. Lo desconocido nos lleva muchas veces a tener ese tipo de explicaciones que después suelen avergonzarnos ante nosotros mismos. No he vuelto a pasar por allí. Quizás tenga miedo de sentarme a leer con ella, o sin ella pero como ella, y que se me quiten las ganas de correr para siempre. Porque se la veía en la gloria. Quizás, algún día de estos, aquella lectora lea esto sentada en ese banco, bajo esa misma farola, y sepa que ‘Aquella lectora’ es ella.