Madrugar en El Retiro (IX): El día en el que el ‘Butano’ me ‘entrevistó’

Deja una respuesta 13-07-2013, Pablo Arqued

Lo que es madrugar, lo hago en mi casa, a 1,3 km de la puerta de entrada del principio de la calle Alcalde Sainz de Baranda, a 1,25 km si no cuento los tramos de escalera que tengo que bajar hasta la calle. Voy y vuelvo. Porque sólo algunos indigentes o borrachos, que se escapan a la última batida nocturna de los guardias de seguridad de El Retiro, madrugan literalmente allí. Pues bien, fue una mañana de sábado, en la que para volver a mi casa di un rodeo, Principe de Vergara-Diego de León-Francisco Silvela, con el objetivo de pisar más asfalto de lo habitual . A las 8 pocas personas están despiertas. Una de ellas, ese día, era el conductor de un flamante Mercedes, algo antiguo, que me seguía por el carril bus después de que le hubiera adelantado hacía unos minutos, cuando estaba en doble fila.

mercedes

 

Y se puso a mi lado y bajó la ventanilla derecha. “Perdona ¿A cuánto vas? A 4 minutos el kilómetro, ¿verdad? Lo sé porque llevas parecida velocidad a la que lleva mi hijo cuando hace el tramo de correr en el triatlón”, me dijo de forma muy amable y educada. Si bien no le veía, su voz me resultó conocida, más que familiar (en los ochenta algo le escuché, pero más bien poco o nada). Sin parar de correr me agaché para ver que se trataba de José María García. “Eso es, más o menos”, le contesté. “Pues yo ahora voy a 6 el kilómetro”, dijo él. “Seguro que ganarías a Aznar”, le mentí, a modo de gracieta mordaz, teniendo en cuenta la afición de aquel y también las no muy lejanas declaraciones en las que, con toda la razón del mundo en mi opinión, el periodista deportivo había rajado contra el ex presidente del Gobierno en un banco de El Retiro al periodista Jordi Évole. Se rió. “¿Y al fútbol sala ya no juegas?”, continué. Contestó con un “No, ya no” que sonó añorante. Intercambiamos un par de frases más sobre nuestros actuales trabajos y nos despedimos cortesmente. En el kilómetro que me quedaba hasta casa pensé que Súper García ganaba en las distancias cortas. O quizás, que el cáncer que había superado le había mejorado. O que ya era así, pero que en las ondas era o había sido diferente. Nunca sabes cómo es un famoso hasta que le conoces. Ese día, desde luego, a mí no me dio tiempo a hacerme una idea de José María García.