Hicham El Guerrouj: Tropiezo, castigo y redención de un mito en los JJOO

Deja una respuesta 21-06-2013, Pablo Arqued

Sigue siendo el rey, como cantaría Chavela Vargas. Del 1.500, por supuesto. Y a pesar de que sin duda reinó, le costó una eternidad conseguir el oro olímpico, esto es 12 años de rodajes por el Valle del Rift e infinitas sesiones de series, si se empieza a contar desde su primera final, la de Atlanta’96, en la que a pesar de la potencia de Fermín Cacho o la clase de Noureddine Morceli, de no haber existido aquel tropiezo, seguramente esos dos campeones hubieran tenido que mover su plaza en el podido una posición hacia atrás. Y llegaron los JJOO de Sidney, pero pecó y los dioses le castigaron por ello. Le perdonarían en Atenas, en 2004, con ese oro en el mil quinientos y otro más en el 5.000.

elguerrouj

 

Tropiezo: Atlanta 1996

Se pegó en exceso a Morceli al empezar la última vuelta. Un pequeño traspiés del argelino mandó a El Guerrouj a limarse con el durísimo tartán que los estadounidenses habían inventado para Michael Johnson y demás velocistas. Sin más historia.

 

Castigo: Sidney 2000

Hay mil maneras de correr una final olímpica de la ‘prueba reina’ y sólo hay una indigna, impropia de un campeón. Y fue la que eligió El Guerrouj, u ordenó su seleccionador, o los poderes fácticos de Marruecos, aquella noche australiana, en la que el penoso protagonismo se lo llevó el también marroquí Youssef Baba haciendo de liebre desde el principio. Terminó último cuando estaba para lograr una mejor posición. A todas luces fue obligado a sacrificarse, a inmolarse, por la gloria de Hicham, un premio que, de haber sido de oro, nunca hubiera merecido. La plata, que es la que consiguió tras verse superado en la recta final por el gran Noah Ngeny, fue el castigo. Estoy convencido de que no fui el único al que, a pesar de haber admirado a El Guerrouj hasta ese momento (para seguir haciéndolo después) le dio por desear la derrota del marroquí durante aquella noche. Por la vergonzante planificación de carrera. Le mandamos malas vibraciones. Y los Dioses hicieron el resto. Y el guerrero lloró amargamente aquella noche en la que no renió.

 

Redención: Atenas 2004

Lo había Ganado todo. Todo. Menos el oro en su prueba. Esta vez, sólo ante su mayor reto, mandó de principio a fin, y resistió un último ataque en la última recta de Bernard Lagat. Esta vez los ánimos del mundo entero estaban con él. Se hizo justicia. Después llegaría el oro en el 5.000, tras una carrera en la que Bekele siempre debería haber llevado más rápida. Pero esa, es otra historia.