Correr como castigo

1 respuesta 26-01-2014, Pablo Arqued

Pasan los años y hay cosas que no cambian. Lamentablemente. Un profesor de educación física en un colegio cualquiera, de método autoritario en cuanto a críticas destructivas a sus alumnos, reprende durante alguna de sus explicaciones con el castigo de obligar a dar vueltas al patio corriendo a esos niños o niñas a los que se les escapa una risa. No hay que ser un Premio Nobel de la psicología para saber que se está provocando un condicionamiento salvaje para que ese chaval o chavala asocie correr con castigo.

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El profesor, sorprendentemente enamorado y enganchado a correr y con tan buenas marcas en diezmil como para ganar alguna que otra carrera local, carece de sentido del humor y no cae muy allá a la mayoría de sus alumnos. El tipo es joven, de treinta y pocos, y a pesar de que nunca conoció los métodos de aquellos profesores de épocas de rectitud y disciplina mal entendida, me recuerda a una profesora que tuve y que venía de lo más rancio del tardofranquismo. De su obsesión por la amortiguación en grado sumo para esos cuerpecillos todavía en formación prefiero ni hablar.

Y ahora nos preguntamos por qué los niños ya no corren. Si además de los nuevos estímulos y formas de vida como es la mala alimentación, la vida sendentaria, los videojuegos, menos becas, se le suma que el enemigo está en casa, la cosa se pone aún más difícil. Casi imposible. Como los cangrejos, corriendo hacia atrás, y no precisamente a modo de ejercicio de técnica de carrera. Ya, no es noticia, pues quedan muchos profesores así. Sí lo es el que actúe así alguien que sigue siendo corredor, que ama correr.