Bob, Jonas y Will sabían que las zapatillas son decisivas a la hora de correr mal

1 respuesta 19-08-2014, Pablo Arqued

Qué cosas. Hasta hace unos seis años, al ser preguntado al respecto, indicaba que la prenda más importante para correr y en la que había que fijarse más y por tanto hacer la mayor inversión en dinero y en tiempo a la hora de dar con las adecuadas, era el calzado. Es lo que dicen la mayoría de corredores, vendedores y marcas. Ahora, yo digo que es el ‘descalzado’. Perdón por el juego de palabras. En serio: hoy indico que también, que las zapatillas, pero por el hándicap que suponen a la hora de correr bien. Que las zapatillas, sean cuales sean, no te impidan correr bien.

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Fue en el verano del 2008, antes de que saliese publicado en España el exitoso libro ‘Nacidos para correr’, o por lo menos antes de que conociese su existencia, cuando me crucé por el asfalto que va de Cabo de Gata al faro a Bob, Jonas y Will, unos tipos estadounidenses de más de 85 kg cada uno, atléticos, corriendo descalzos. Inmediatamente me di la vuelta y les seguí. Lo que más me llamó la atención, además de su descalcismo, fue que iban muy rápido. Os aseguro que ir a 4’/km-4’10”/km en esa zona de Almería en verano es ir muy rápido para cualquier corredor no profesional. Lo sé, porque por aquella época no iba ni a cagar sin mi Garmin. Lo segundo que me sorprendió, que casi no levantaban las rodillas y no saltaban excesivamente, dando zancadas muy cortas. Eran una especie de Chiquitos de la Calzada Hamenauerrrrs. Y pecadores por ir en contra de mi sentido común. Les alcancé, les interrogué a la manera de La Gestapo, y me dejaron totalmente confundido: me hablaron de amortiguación natural, de apoyo forefoot de la pisada, de no tener dolores, de técnica… pero nunca utilizaron la expresión ‘técnica de carrera’. En ningún momento me dijeron que hicieran ejercicios de técnica de carreras ni de fortalecimiento, algo que sabía a la perfección de su existencia en el ámbito profesional, pero que no se estilaba entre los corredores aficionados. En ningún momento dieron importancia a mi asombro. Tampoco se les atisbaba nada de gurú de secta. La normalidad era el común denominador de los tres.

Se pararon de golpe, riéndose. “Descálzate y prueba”, me dijeron. Superé mis reticencias, y teniendo en cuenta que les había hecho frenar con mis mil y una preguntas, accedí. “Despacito, poco a poco”, me dijo el más grandote. Y así, hicieron un kilómetro conmigo. Nos despedimos. Ellos siguieron en dirección al infinito mientras yo me calcé mis amortiguadas dispuesto a seguir talonando más que un cosaco al estirar la pierna en ese icónico baile.

Al día siguiente, tenía unos dolores musculares en gemelos y sóleos espeluznantes, así como en el interior de mis pies. La planta del pie, en cambio, no tenía rasguños. Lo peor, que me dolía la cadera, pues al tener una pierna 1,3 cm más corta necesito un alza de 5 mm en la misma. Fue esto último lo que me hizo seguir un añito más talonando y creer que con mis dolencias de cadera no podía correr bien. Obviamente, sigo necesitando el alza y por tanto cuando corro descalzo más de 5 km tengo molestias. Pero el talonar se acabó.

La técnica, muy importante

Hoy, recomiendo que las zapatillas no incidan casi en el movimiento en carrera, que no sean unas dictadoras de la pisada, que no te obliguen a hacer algo que tu cuerpo no quiere… salvo casos raros y extremos. Hoy, cada vez estoy más convencido de que casi todo el mundo podría correr sin zapatillas amortiguadas, de que el proceso de adaptación al calzado con excesivo drop y amortiguado va en contra del movimiento natural en carrera. Ojo, también de que la adaptación al correr natural después de haber llevado toda la vida colchones en los pies es igualmente dura. Pero más aún la adaptación mental. Y de que las zapatillas amortiguadas modifican nuestra ergonomía natural de carrera no me cabe duda.

Gente que pasa de llevar plantillas por recomendación médica a correr con zapatillas minimalistas sin problemas. Personas que dejan de tener lesiones crónicas al acortar sus pasos y dejar de talonar. Tipos que pasan a correr largas distancias después de haber sido deshauciados por médicos, fisios y osteópatas debido a lesiones de rodilla, cadera o de espaldas. Todos, ojo, siguen lesionándose. Pero menos y con lesiones que sólo conllevan el tener que parar. Roturas fibrilares, contracturas. Nada grave.

“La próxima vez que me compre zapatillas te preguntaré”, me dice la gente. “Aprende a correr”, les contestaré.